Este no es el prospecto del medicamento que esperabas leer, tampoco es un cuento, es un mensaje de la realidad, de tu verdadera realidad. ¿qué quien te habla?, soy tu, tu reflejo inconsciente, el que esta al doblar la esquina de tus ojos.
Ha llegado el momento de informarte de la verdad. Ya es hora de decirte que eres el centro del universo, el centro del laberinto. La realidad que ves delante de tus ojos realmente esta detrás de ellos, tu confeccionas la realidad, tu eres la realidad, tu la creas inconscientemente, todo converge en ti. Hay fuera no existe nada ni nadie, todo es mentira, todo eres tu, todo son decorados y personajes tuyos. La realidad no existe, el amor no existe, la libertad no existe, la felicidad no existe, no existen los espejos, solo un puñado de planetas, solo las noches estrelladas del desierto, solo los atardeceres en las playas del norte, solo todas las sonrisas del mundo, todos los besos, solo existo yo y su mirada.
Siento decirte que no hay dioses, que no hay héroes, que estas solo, bueno, estoy yo, pero recuerda que soy tu, además estoy desapareciendo, muriendo en ti, moriré cuando acabes de leer este texto.
Podrías pensar que esto es una broma, que es mentira, pero sabes que no, siempre lo has sabido, tu no lo recuerdas, mejor dicho no quieres recordarlo, decidiste, decidieron, olvidar, que olvidaras, decidiste morir, decidieron engañarnos para inventarnos de nuevo, decidiste escapar. ¿No recuerdas el salón de los espejos? ¿No te recuerdas bailando solo en un inmenso salón repleto de espejos? ¿No sabes que estas viviendo en un salón lleno de espejos?. Un dios que baila eternamente solo en un gran salón que no existe. Un dios que morirá, que desaparecerá y no volverá a existir. Un dios que se metió dentro del espejo, que cree que vivirá, bailará eternamente mirando su reflejo. Un salón lleno de espejos, un complejo juego de reflejos contrapuestos, solapados, escondidos, de múltiples combinaciones, tu mente, tu cabeza, tu gran salón de espejos que no existe. Un entramado de ilusiones, de espejismos idealistas, donde conviven los dragones y el asfalto.
Necesitan encerrarte en el gran salón, igual que tu necesitas salir de él, por eso estoy hablándote, para que vuelvas conmigo a tu universo verdadero, a tu soledad verdadera, al eterno retorno, al dolor de la brisa, al suelo húmedo de otoño, al café caliente en su boca, al garabato de tu cama mojada, al sudor del bailar, a la sal, al azahar, a la nada que siempre te da los buenos días.
Hay que dar la vuelta al reloj de arena, el péndulo ya ha llegado al extremo y justo en este momento empieza a volver, tu vaso se ha colmado, es la hora de tu solsticio, llega tu muerte; pero tranquilo, no tengas miedo, rompe todos los espejos, aléjate de ellos, deja de mirar tu reflejo, simplemente quédate dormido tranquilamente, ven- vuelve, toca con tu mano el suelo, simplemente despiértate tranquilamente, muere despacio, igual que yo lo estoy haciendo en este momento.

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